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El niño feliz, último en

aprender a leer

Mamá se frustraba y actuaba con desplantes de ira hacia su hijo pues no era posible que tanto estudiar y responder correctamente no funcionara a la hora de los exámenes.

Empezaré diciendo que David Zaid es un niño actualmente de 9 años. Tiene mucha energía, con demasiada voluntad y un tanto imperativo. Al entrar a Primer Grado fue donde me di cuenta que su fuerte eran las Matemáticas y las demás materias no se le facilitaban demasiado. Fue el último de su grupo de 30 en aprender a leer y escribir.

 

Al tratar de dedicarle un tiempo para que él aprendiera a leer, noté que me desesperaba. Pasó Primero y empecé a notar que mientras más gritaba y agredía yo, él menos entendía.

Pasó a Segundo y las cosas fueron más fuertes pues él seguía sin poner atención. No leía, no escribía. Estuvo con una nueva maestra, la cual me dio la pauta para decirme que si yo era tan enérgica y lo presionaba, él iba a ser como una ollita express. Traté de tomar nota sin embargo mi frustración y mi ira se apoderaban de mí.

¡En Tercer Año, le tocó una maestra sin tacto que trataba de hacerme ver que simplemente mi hijo no tenía remedio!

Un día por la tarde, a la salida de la escuela, hallé a Astrid. Venía con su hija caminando y me llamó la atención su playera que decía "Te facilito dominar tu talento". Una amiguita ya estaba participando en su entrenamiento y le pregunté pero sólo me dijo "Necesitas experimentarlo".  Invité a mi hijo a una sesión y fuimos.

 

Nunca voy a olvidar lo que Astrid dijo sobre mí -tras escucharme opinar- y fue "Eres una mamá sumamente controladora" y a lo mejor yo ya lo sabía pero que ella me lo dijera cambió mi perspectiva.

Durante todo el tiempo que Astrid estuvo atendiendo el grupo fuera de la Primaria Francisco Nava, asistimos una vez por semana o lo que nos permitiera nuestra economía. Yo quiero pensar que lo aprovechamos a más no poder. Me llené de vivencias y David Zaid hizo lo que nunca. Anduvo descalzo sobre la tierra, jugó, se divirtió, aprendió lenguaje de señas. Por otro lado, aún me frustraban los exámenes. Las fechas en las que las maestras avisaban que serían me permitía estudiar con mi hijo pero aunque a mí me respondía bien todo, en el examen fallaba. Eso me frustraba mucho.

Astrid me explicaba que el entorno de un examen no es igual para todos los niños (no lo perciben igual). Me empecé a poner en el lugar de mi hijo desde entonces.

En cuanto a las emociones, batallábamos mucho con sus rabietas al negarle el celular. Hacía caras y le duraba mucho el enojo aunque le explicaba que era mí teléfono. Empecé a usar las técnicas que Astrid me enseñó. 

Ahora le duran más o menos... nada, o sea, nada. Mi frase "Ahora no, estoy ocupándolo" no le provoca lo que antes.

La mejor experiencia que he tenido al lado de Astrid, entrenándonos, ha sido el crecimiento personal porque literalmente es un entrenamiento para padres. Porque al cambiar mi perspectiva cambió todo, todo y digo, todo.

 

Este año empezamos una nueva etapa. David Zaid pasó a Cuarto Grado, es un niño más responsable, es un niño que ya no miente con facilidad, reflexiona sus actos, que sabe lo que quiere pero sabe -y sé- por sobre todas las cosas que tiene permitido fallar, equivocarse. Enmendar lo que él haga.

Finalmente va a tener una vida para ser adulto y el día de hoy quiero que sea niño, que disfrute y seguimos trabajando en ello.

Agradezco la oportunidad de conocer el modelo de crianza Niñoscopio y todos los temas que me fueron útiles, no sólo para mí, sino para mi pareja y aprendimos muchas cosas incluso sobre nuestra relación. Y eso me da muchisisísima alegría.

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